top of page

A todas las Andreas que soy

–Amo a los animales, pero como carne casi todos los días de la semana.–


–Amo la lectura, pero omito todas las tildes y no se como usar la puntuación.–


–Soy feminista, pero varias veces he dicho comentarios machistas.–


–Soy amable, pero muchas veces soy insoportable.–


–Soy supremamente segura, pero estoy llena de inseguridades.–


–Soy de mente abierta, pero muchas veces no acepto argumentos.–


–Me creo muy intelectual y profunda, pero disfruto tanto la ligereza y lo superficial.–


–Me creo muy fuerte, pero hay momentos en los que me gana la debilidad.–


–Me creo muy relajada, pero muchas veces he alejado a personas por resentimiento.–


Leo estas afirmaciones y me siento traicionera. Mentirosa (como gozas cuando me haces padecer; decía Alci Alcosta). Insuficiente. Como que no soy lo uno, siendo lo otro. Y es que tú, señor Pero. Eres tan antipático, lo dañas todo.


–Te amo, pero…. –


–Me gustas, pero…–


–Eres una gran profesional, pero…–


–Te mereces ese aumento de sueldo, pero…–


¿Enserio?

¿Quién te inventó?

¿Para qué?

Solo eres bueno cuando necesitamos inventarnos una excusa; para invalidar todo lo que dijimos previamente; o bajarle el animo al receptor de la frase que te contiene.

Peros y más peros. Porque me decían que si era una cosa no podía ser la otra. Pues vivimos en un mundo de blancos o negros, de buenos o malos y de lindas o feas.


Toda la vida me enseñaron que tenía que ser coherente. Que tenía que hacer lo que decía, y decir lo que pensaba. Me enseñaron que este mundo estaba lleno de etiquetas, que se ubican en dos extremos, y que entre esos dos extremos no había nada ni nadie. También me enseñaron a juzgar y señalar a las personas que constantemente se están contradiciendo, o que demuestran alguna señal de incoherencia. Y para eso, sí que soy buena. Soy master en juzgar y criticar a otros. Hablando desde un pedestal, como si mi punto de vista fuera la verdad absoluta, para darme cuenta, que yo soy la que más se contradice y es incoherente.

Y la verdad es que en mi realidad. Entre esos dos extremos hay un gran espectro de posibilidades, adjetivos y formas de ser. Que además fluctúa para una misma persona dependiendo de su ánimo, de su día, o de su momento de vida. Yo todos los días veo un mundo lleno de grises, en mí y en quienes me rodean. Veo personas que son etiquetadas como buenas y malas, o lindas y feas de acuerdo a quién se le pregunte.


Y es aquí cuando me comienzo a llenar de preguntas:


–¿Si yo estoy llena de incoherencias, por qué juzgo a la gente que también las tiene?–


–¿Por qué creo que tengo el derecho de hacerlo?–


–¿Por qué es tan malo fluctuar entre dos extremos de un espectro?. Es más ¿Por qué si un día decidí hacer, decir o actuar de cierta forma y después cambio de parecer eso me hace blanco de criticas?–


– ¿Será qué nos falta aceptar nuestras contradicciones e incoherencias para comenzar a cambiarlas?–


–¿Será que oponerse y negarse a que estamos llenos de contradicciones, simplemente perpetua el problema?–


¿Y qué pasaría si cambiamos el "pero" por el "y"? e hice el ejercicio:


–Amo a los animales y como carne casi todos los días de la semana.–


–Amo la lectura y omito todas las tildes y no sé como usar la puntuación.–


–Soy feminista y varias veces he dicho comentarios machistas.–


–Soy amable y muchas veces soy insoportable.–


–Soy supremamente segura y estoy llena de inseguridades.–


–Soy de mente abierta y muchas veces no acepto argumentos.–


–Me creo muy intelectual y profunda; y disfruto tanto la ligereza y lo superficial.–

–Me creo muy fuerte y hay momentos en los que me gana la debilidad.–


–Me creo muy relajada y muchas veces he alejado a personas por resentimiento.–

Cuando leo estas frases, me siento mucho más completa y honesta. Claramente mucho más compleja, llena de matices y diversa. Sinceramente una versión mucho más cercana a la realidad.

Así, dejando de ignorar y negar mis incoherencias; voy viendo a todas estas Andreas que están en mi vida. A todas ellas las acepto, las amo, las escucho y les doy un espacio. Porque entiendo que estoy llena de contradicciones. Soy supremamente incoherente y que tengo mil facetas que muchas veces pelean entre ellas.


Y desde este punto me doy la libertad de entenderme y aceptarme con mis complejidades. De darles una voz y un espacio a esas Andreas que no son tan políticamente correctas, estables y sensatas. Y desde ese espacio lograr evolucionar, aprender y cambiar a través de la auto aceptación y auto compasión. Dos maravillosas herramientas que aprendí en este proceso de sanación y crecimiento que he decidido hacer durante este tiempo en cuarentena.

 
 
 

Comentarios


bottom of page